EVENTS - XVIII International Conference - Conclusión

 

XVIII Conferencia Internacional del
Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud
sobre el tema

“LA DEPRESIÓN”

Durante los días 13, 14 y 15 de noviembre 2003, se ha desarrollado la XVIII Conferencia Internacional del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud sobre el tema “La depresión”. Los trabajos se han realizado en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano.

Guiados por el Eminentísimo Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, el señor Cardenal Javier Lozano Barragán, se han reunido cardenales, arzobispos, obispos, religiosos(as), laicos(as) provenientes de 62 países, comprometidos de diferentes modos en el mundo del sufrimiento y de la salud y/o especializados en las varias disciplinas de las ciencias humanistas, sociales, biomédicas y teológico-pastorales.

En los trabajos de la Conferencia ha participado un apreciable número de embajadores y ministros de la salud, numerosos estudiantes de las escuelas de medicina, de las ciencias de enfermería y de teología de la pastoral de la salud.

El tema general, “La depresión”, ha sido tratado por los varios conferencistas a la luz de la Palabra de Dios y de la teología. Los relatores han puesto en evidencia los mayores retos sociales, sanitarios, políticos, culturales y religiosos, que debe afrontar la comunidad internacional, y la Iglesia en particular, en las diferentes regiones del mundo; asimismo, han buscado las respuestas adecuadas a nivel teológico, moral, educativo y pastoral, para ofrecer a los que sufren de depresión la única perspectiva definitiva que se puede emprender para oponerse a ella, esto es, la experiencia de la victoria de la vida sobre la muerte.

Los ilustres relatores de la XVIII Conferencia Internacional han enfocado los siguientes temas:

-   La depresión: antropología bíblica y fe cristiana;

-   La depresión entre mal-estar y enfermedad;

-   El episodio depresivo: datos y observaciones de las OMS;

-   ¿Una sociedad deprimida?

-   Depresión y crisis religiosa;

-   La crisis suicida;

-   Modelo biológico y modelo psicológico de la depresión;

-   Mass-media y acentuación de la depresión;

-   Las ideas depresivas del mundo contemporáneo;

-   Historia de la depresión;

-   Teología: depresión y esperanza cristiana;

-   Teología moral: depresión, referencias morales subjetivas y referencias morales objetivas;

-   El rechazo del sufrimiento y la búsqueda del bienestar personal;

-   Diálogo interreligioso sobre el sentido de la depresión y del malestar: hebraísmo, islam, budismo, hinduismo;

-   Principales puntos de la fe en los que es preciso insistir con particular atención;

-   Privilegiar una educación para el sentido de la persona, de la responsabilidad y de la estima de sí mismo a la luz de cristianismo;

-   Suscitar un vínculo social en una sociedad saturada y dominada por el individualismo;

-   Acogida a las personas deprimidas en el ambiente médico y hospitalario;

-   Papel de la familia frente a la depresión;

-   El seguimiento pastoral y espiritual del deprimido y de su ambiente;

-   Hacia una pastoral de la esperanza cristiana y de confianza en la vida.

Al final de los trabajos en los que han participado activamente también los participantes con breves intervenciones para plantear preguntas, hacer observaciones y ofrecer sugerencias, y guiados por el magisterio de Juan Pablo II, han surgido las siguientes afirmaciones, recomendaciones y propuestas:

I. Afirmaciones

            Los participantes afirman:

·        La depresión patológica, o simplemente existencial constituye una experiencia que ha acompañado al hombre desde las más antiguas civilizaciones. Un malestar saltuario, que con el pasar del tiempo se ha convertido en una verdadera epidemia sobre todo debido a la cultura de la falta de sentido y de la muerte que en el pensamiento postmoderno encuentra su repercusión en el “homo pavidus”.

·        La depresión no tiene sólo un aspecto médico sino también social pues tiene lugar en ausencia de claras referencias éticas y de una vida espiritual alimentada mediante la Palabra de Dios.

·        El individualismo, la desocupación, el divorcio, la inseguridad, la ausencia de una educación real, la falta de transmisión del saber, de la cultura, de la moral y de la vida religiosa  y la dejadez de las normas objetivas de parte del relativismo ético debilitan y vuelven frágiles a las personas por falta de fundamento y de estabilidad en su existencia.

·        Los antivalores se desarrollan en desmedro del hombre y rompen la armonía de una cultura volviendo frágiles a las personas; son el producto de las ideas depresivas que traen consigo el germen de la destrucción de la humanidad del hombre y la desfiguran hasta el punto de que éste es incapaz de reconocerse en lo que vive.

·        Si por un lado la presencia de determinismos psíquicos involuntarios no implica necesariamente la ausencia de una motivación ética, por el otro, el espacio de la libertad está limitado. Esto tiene mucha importancia en la depresión, pues ve en el centro de su psicodinámica el sentido de culpa generado por una cierta herida narcisista: puede surgir una estrategia que busca meditar dicha herida alimentando el deseo de omnipotencia y el fantasma del control total.

·        La familia sufre cuando uno de sus miembros está enfermo de depresión. Al mismo tiempo, la familia pueder ser la mejor terapia para el deprimido. Escuchar, comprender, amar; valorar siempre a la persona; ayudarla a participar y hacerle ver que uno está bien junto a ella es el camino que propone la pastoral de la Iglesia para el seguimiento de las personas deprimidas.

·        El sentido trascendente de la vida que proponen las religiones constituye el mejor antídoto contra la depresión y para mantener una armonía física, psíquica, social y espiritual de la vida.

·        Para el musulmán sólo la fe en Dios y el apego a El constituyen la única prevención y protección contra la depresión.

·        La religión hinduista es como una psicoterapia pues una de sus funciones es responder a las cuestiones últimas de la vida dando un apoyo al vínculo social, a la cohesión y al sentido de pertenencia así como a las líneas-guía para la vida.

II. Recomendaciones y propuestas

            Se recomienda y se propone:

·        Se afirma que la ausencia de puntos de referencia contribuye para que las personalidades sean frágiles e induce a considerar que todos los comportamientos se equivalen, de aquí la importancia de hacer recordar que la familia, la escuela, los movimientos juveniles y las asociaciones parroquiales tienen un papel insustituible para influir positivamente en la formación de la persona.

·        Se propone a los agentes pastorales que tiendan su mano a los enfermos deprimidos para hacerles percibir la ternura de Dios integrándolos en una comunidad de fe y de vida en la que se sientan acogidos, apoyados, dignos de amar y de ser amados. Esto lleva a contemplar a Cristo y a dejarse mirar por él realizando una experiencia que los abre a la esperanza y a la vida.

·        Se pide a las instituciones públicas que proporcionen las condiciones de vida digna a las personas deprimidas y se elaboren políticas en favor de la juventud con el fin de brindar a los jóvenes razones de esperanza, preservándolos del vacío existencial y de sus trágicas consecuencias..

·        Para salir de la depresión el hombre tiene necesidad de encontrar valores y sentido a su existencia y la resurrección de Cristo constituye el desemboque definitivo de la victoria contra la depresión.

·        Reencontrar la confianza en sí mismo y en la vida pasada mediante la pedagogía de la esperanza cristiana, una esperanza que nos abre un futuro con Dios y que nos arraiga en el deseo de encontrar nuestra felicidad con Cristo en la vida eterna sosteniéndonos en la gracia del Espíritu Santo.

·        Para crear un verdadero vínculo social partiendo de un cambio completo del comportamiento de cada hombre, es necesario revalorizar los principios de la moral que pueden imprimir un vuelco en la esfera del espíritu del hombre deprimido para levantarlo reconstruyendo al mismo tiempo tanto la persona como la sociedad.

·        El hombre que sufre tiene siempre un lugar privilegiado en la antropología bíblica y en el mensaje cristiano, el deprimido no está olvidado por Dios, antes bien, está en el centro de su amor misericordioso como El mismo lo afirmó al comienzo de su misión mesiánica: “He venido para sanar a los enfermos....” entre los cuales están incluidos los deprimidos. La vida espiritual trasforma esta promesa en contenidos concretos que ofrecen al creyente un apoyo espiritual para afrontar cualquier enfemedad incluida la depresión.

·        Los mass-media son instrumentos de civilización que proponiendo modelos de vida y recorridos culturales respetuosos de los valores de la vida, de la familia y de la sociedad, son capaces de contribuir de modo significativo en el cambio de actitudes y tendencias individualistas y de muerte de la cultura post-moderna en comportamientos positivos, altruistas y solidarios en favor de la vida.

Ciudad del Vaticano, 15 de  noviembre 2003.