A Nuestro Venerable Hermano S. E. R. Cardenal Javier Lozano Barragán
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud
Me uno a toda la amada comunidad mexicana de Roma y de tu patria, Venerable Hermano, y con satisfacción comparto en este momento feliz las manifestaciones sencillas y profundas de reconocimiento dedicadas a tí en estos días en que se celebrará el jubileo de oro de tu sacerdocio.
De hecho, antes de que Nuestro predecesor Juan Pablo II, de inmortal memoria, te confiase el cargo de Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, tú ya habías desarrollado gran parte de tu ministerio sacerdotal en variadas y múltiples obras y servicios en favor de la Iglesia en tu patria donde brillaron tus cualidades pastorales y la conciencia del deber.
No considero necesario evocar aquí detalladamente los consejos útiles de tu trabajo en la Sociedad Teológica Mexicana, en el Instituto Teológico Pastoral CELAM, y sobre todo en el cargo episcopal de la archidiócesis de Ciudad de México y luego los doce años de guía prudente de la grey de Zacatecas donde con particular amor promoviste la renovación del clero, la consolidación de las estructuras de la diócesis y el diálogo con la cultura.
A los méritos de tu provechoso apostolado, es preciso añadir también los numerosos y grandes servicios que tú ofreces en calidad de miembro activo de varios Ministerios de la Curia Romana. Y, como hemos dicho antes, tu actividad se ha distinguido durante estos nueve años en beneficio de la Pastoral de la Salud.
Por tanto, Venerable Hermano, tenemos razones para dirigirte personalmente a través de esta carta nuestras sentidas felicitaciones con ocasión del 50º aniversario de tu Sacerdocio que, por gracia de Dios, se cumple el próximo 30 de octubre.
Nos unimos a tí, pues, no sólo con particular benevolencia, sino también con esta carta, dando gracias a Dios, Autor de todo bien, y manifestándote las merecidas congratulaciones por un ministerio tan fecundo y variado. Finalmente, al formular los augurios de muchos años aún de buena salud en la viña elegida de la Iglesia al servicio de Dios, te impartimos de corazón Nuestra Bendición Apostólica, prenda segura de las gracias celestiales y signo evidente de nuestra benevolencia.
Desde el Vaticano, 26 de octubre de 2005, primer año de Nuestro Pontificado.
Benedicto XVI


